El segundo recorrido de La Ruta Imparable inició desde la mágica Cartagena de Indias, con un objetivo claro: recorrer los departamentos de Bolívar, Magdalena y Atlántico, escuchando a las comunidades ribereñas bañadas por el Magdalena quienes nos contaron sus frustraciones y necesidades, ignoradas durante décadas de centralismo.
En cada parada, los ciudadanos no solo escucharon nuestras propuestas, también nutrieron el camino con sus historias, desafíos y esperanzas.
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El Carmen y Palenque: comunidad y libertad
El viaje comenzó en El Carmen (Bolívar), donde recogimos firmas y compartimos con amigos y aliados de este proyecto, en este municipio arrancó el recorrido hacia San Basilio de Palenque, el primer pueblo libre de América y patrimonio cultural de la humanidad.
Allí, la bicicleta imparable nos abrió paso hasta los líderes comunitarios que expresaron sus necesidades más urgentes: escuchar, dialogar y recibir propuestas reales que apoyen a su comunidad. Palenque nos recordó que la libertad también se construye con participación ciudadana.
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Solidaridad con los animales y denuncia al abandono estatal
La Ruta Imparable no solo escuchó a las personas; también tendió la mano a los animales en condición de calle, porque la solidaridad no puede excluir a quienes también habitan nuestras ciudades.
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En los municipios ribereños del Magdalena, encontramos una realidad dolorosa: la falta de acueducto y alcantarillado. Los arroyos se han convertido en drenajes improvisados y los caños apestan día a día.
Más de 40 años de girar recursos desde Bogotá no han resuelto las necesidades básicas de estas comunidades. Una muestra de la desidia estatal que debe ser denunciada y transformada en un gobierno imparable.
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La Imparable en versión chalupa: navegando el Magdalena
Una de las experiencias más emocionantes fue el recorrido en la Imparable versión chalupa, navegando por El Banco, Mompox, Santa Ana, Zambrano, Plato y Calamar.
El río Magdalena, con más de 1.500 kilómetros de recorrido, pasa por 700 municipios y conecta la vida de más de 2 millones de colombianos. Sin embargo, su navegabilidad se ha perdido, limitando el desarrollo y la conectividad.
Por eso afirmamos que recuperar el río Magdalena es la verdadera 5G de Colombia: una autopista fluvial que puede transformar la economía, el transporte y el bienestar de las comunidades ribereñas.
En Calamar, llegamos al Canal del Dique, otro punto estratégico que requiere recuperar su navegabilidad. Allí se hizo evidente que esta es la Colombia que necesita toda nuestra atención.
Un compromiso imparable con el río y su gente
El recorrido por el Magdalena dejó una certeza: los colombianos que habitan estos territorios no necesitan discursos, necesitan acciones concretas.
Recuperar el río Magdalena, garantizar agua potable y acueducto, invertir en navegabilidad y escuchar a las comunidades ribereñas debe ser prioridad en nuestro país.
El futuro será, como la gente del Magdalena, ¡Imparable!


