Claudia López dice que Colombia no debe quedar entre Petro y Uribe; critica el rumbo del país pero reconoce a Petro su legado de inclusión.
Tomado de El Tiempo
Debemos impedir que Colombia quede atrapada entre Petro y Uribe’, dice la exalcaldesa, excongresista y actual candidata presidencial, Claudia López. Asegura que el cambio prometido por este gobierno ha sido desilusionante, que el país va por mal rumbo, pero le reconoce al Presidente que su principal legado será la inclusión.
Recuérdeme por qué se lanzó por firmas y no por el Partido Verde…
Porque con Antanas Mockus renunciamos al partido, en protesta contra todos los escándalos de corrupción.
Pero el supuesto cerebro del robo a la Unidad de Gestión y Riesgo fue el fundador de ese partido, Carlos Ramón González…
Llevo prácticamente dos años fuera del ‘verde’, explicando que estoy en un movimiento distinto, que es Imparables. Los que tienen que dar explicaciones son otros.
Cuando Petro ganó las elecciones, usted dijo: “carajo, por fin ganamos”… No queda claro de qué lado del gobierno Petro está jugando hoy…
En la política colombiana se confunde cambio con petrismo. Yo nunca he sido del petrismo; fue mi enemigo en el gobierno de Bogotá. Siempre he estado por el cambio constructivo, pacífico, por la democratización de la sociedad, pues también denuncié, incluso a riesgo de mi propia vida, todos los vínculos del uribismo con la narcoparapolítica. Así que, cuando en la segunda vuelta de 2022 tuve que escoger entre el candidato del uribismo y una posibilidad de cambio, no tuve duda de cómo votar. Eso no me hace petrista, simplemente ciudadana, al igual que otros once millones de colombianos que creímos en la posibilidad de un cambio, muchos de los cuales hoy estamos francamente decepcionados y preocupados por el mal rumbo que lleva el país.
¿No cree que la que confundió el cambio con Petro fue usted, y hoy está arrepentida?
De ninguna manera. Esa es una interpretación sesgada. He defendido el cambio toda mi vida, desde que estuve en el movimiento estudiantil por la Séptima Papeleta, cuando nos acosaba el narcoterrorismo, y un bipartidismo enclenque era incapaz de protegernos y de darnos alternativas. El mayor cambio constructivo que ha tenido Colombia lo produjimos gracias a ese movimiento estudiantil, que produjo la Constitución del 91. Defendí el cambio cuando las Farc secuestraban miserablemente; el cambio era salir de las Farc, salir de los paras, salir de los corruptos. Defendí a la sociedad y a las víctimas de la parapolítica, metí a 78 corruptos a la cárcel. Si alguien nunca ha estado confundida sobre qué es el cambio, soy yo. Ni me escondo ni me arrugo. Soy una mujer frentera y de carácter. Y si en segunda vuelta está el parauribismo de siempre, frente a una posibilidad de cambio, pues de buena fe apoyaré la segunda, con la misma independencia y carácter que me han caracterizado. Como alcaldesa, paré a Petro, no al metro, en defensa de Bogotá. Y hoy, como ciudadana y como candidata a la presidencia, también me escucharán denunciando lo que hay que enderezar.
¿Qué legado deja Petro?
Tal vez su legado, muy positivo para Colombia, es que ha incluido a mucha gente que había sido excluida a lo largo de la vida política colombiana. Pero no quiero ser injusta: también resalto la entrega de tierras a los campesinos, que es una deuda histórica en la que este gobierno ha avanzado y habrá que continuar. Yo personalmente estoy de acuerdo con las reformas laboral y pensional, ojalá la Corte Constitucional no las eche para atrás.
A muchos les preocupa que ese ejercicio de inclusión del presidente Petro haya llevado a un extremo totalmente indeseable, que es el de que gente sin preparación, sin experiencia y hasta sin méritos llegue, por cuenta de la inclusión, a ocupar cargos claves para el funcionamiento del Gobierno…
De acuerdo, no es positivo para los resultados del Gobierno tener personas sin ninguna preparación y con una gran influencia política. En su momento lo fue la señora Rocío Arias y muchos otros parapolíticos en el gobierno uribista. A la gente le parece indeseable que se incluyan unos sectores, pero deseable que se incluyan otros, así sean mafiosos. Ese es un sesgo que yo no tengo. Apoyo, valoro y aprecio la democratización incluyente, que ha sido la lucha de mi vida. Ahora, comparto con usted que nombrar gente corrupta o incompetente, cosa que se ha hecho desde Álvaro Uribe, pasando por Santos, por Duque y, desafortunadamente, también por Petro, es indeseable para la gestión del Gobierno, y eso se nota en los muy precarios logros. Mucho discurso y poco resultado consistente con lo que se ofreció.
¿Y los grandes desastres de este gobierno?
La ‘paz total’, la corrupción y la pugnacidad. Y ahora esta idea de la Constituyente, que pretende echar para atrás posiblemente el mejor logro político de los colombianos en los últimos años, la Constitución del 91, es un despropósito. Es desviar el rumbo del cambio.
Usted fue testigo material y espiritual, junto con Ingrid Betancourt y Mockus, de la firma de Petro de su compromiso de no hacer asambleas constituyentes en su gobierno. ¿Qué opina ahora?
Esa, como tantas otras cosas, María Isabel, ha resultado decepcionante. El cambio era para que no hubiera corrupción, para mejorar la ejecución, la seguridad, el empleo.
Claudia, usted fue alcaldesa y, hay que reconocerle, nunca fue tibia. Tuvo carácter, tomaba decisiones. ¿Cómo ve al actual alcalde Carlos Fernando Galán?
Creo que Bogotá decidió dejar atrás la pelotera local de Peñalosa versus Petro, que tenía paralizada a la ciudad. Si no, no se habría podido hacer el metro ni mejorar el transporte público, con la ciudad engarzada en esa polarización política indeseable. Qué bueno que Enrique consiguió la financiación y sacó ese proyecto adelante, se lo reconoceré siempre. No permitimos que Petro lo parara. Y ahora, con Carlos Fernando, vamos a sacarlo adelante porque lo necesitan los colombianos.
El alcalde Galán ha sido criticado por unas posiciones ambiguas frente al manejo del orden público, como cuando dijo que a la Policía no la podía sacar a la calle a proteger a la ciudadanía para no caer en la provocación de los manifestantes. ¿Nos hemos ido quedando sin límites frente al supuesto derecho de protesta?
Bogotá es una muestra de lo que los ciudadanos logramos cuando nos concentramos en las cosas concretas que benefician nuestra calidad de vida, y en cambio marginamos a los extremos que quieren vivir de la polarización. Eso explica, en general, que hayamos podido cuidar a los ciudadanos durante la pandemia, salvado el sistema de salud que ahora dañaron, hecho la mayor inversión en educación para los jóvenes y en cuidado para las mujeres, recuperado el empleo y reducido la pobreza a niveles históricos, a pesar del golpe de la pandemia. Gracias a eso, Bogotá ya empezó a ser Bogotá; empezó conmigo y continuó con Carlos Fernando. Bogotá va bien, trabajando, saliendo adelante con menos polarización, con más ejecución. Tenemos que unir esfuerzos para que también vaya mejor en seguridad.
¿Cómo?
Los alcaldes son los jefes de las funciones de Policía en sus ciudades. Pero el comandante supremo de la Fuerza Pública es el Presidente, y, obviamente, nuestras fuerzas de policía y militares, que son civilistas, le hacen caso a su jefe, quien, por ejemplo, les ordena que no deben intervenir en protestas sociales nunca, así haya vandalismo y violencia. Eso no puede ser así. Obviamente, la protesta social es legítima, y los alcaldes deben protegerla. Pero que se vengan aquí con bombas molotov a atacar una vez por semana no solamente no es legítimo, sino que es contrario a las garantías ciudadanas. Le deseo lo mejor a Carlos Fernando, que es un hombre ponderado, pero una cosa es la ponderación y otra el carácter. En buena medida, sea con un presidente como Duque, que dudó a la hora de cuidar a la gente en pandemia, o como Petro, que da instrucciones contrarias a la ley en materia de convivencia, pues uno tiene que tener el carácter de salir y defender a su gente, a la ciudad, y restablecer la convivencia social o la sostenibilidad de la salud y la vida, como ocurrió en pandemia.
¿Cree que el alcalde Galán está restableciendo la convivencia social?
Como él mismo lo reconoce, la ciudadanía espera mucho más. Pero no dudo de que está haciendo lo mejor posible.
¿Cuál es su posición sobre la creciente pugnacidad entre Colombia y EE. UU.?
Los ciudadanos de ambos países nos tenemos cariño, respeto, y es una relación que ha sido y seguirá siendo muy constructiva. Pero enfrentamos un desafío muy difícil: y es que ambos gobiernos están encabezados por un populista autoritario. Hay que respetar las decisiones de las democracias, pero se está enredando la relación diplomática y política de los Estados Unidos y Colombia. Yo, con los ciudadanos de ese país, no tengo sino gratitud y admiración: he sido becada por los Estados Unidos, con la beca Fulbright saqué mi doctorado, con una beca del Banco Interamericano de Desarrollo hice mi maestría. Y aunque el mundo es multipolar, pues sin duda en la política y economía colombianas, Estados Unidos seguirá siendo nuestro principal aliado estratégico. No para defendernos, como en un aislacionismo imposible del siglo XXI, sino al contrario, para cooperar juntos. Para ser parte de la inversión en transición energética, en seguridad alimentaria. Para que formemos a jóvenes y a mujeres en la economía del cuidado; para desarrollar el ecoturismo. Es decir, tantas oportunidades comunes de desarrollo social y económico legal son las que van a restarles espacio a las rentas criminales que nos azotan. Además, tenemos un interés político común, geoestratégico, un interés de seguridad nacional vital, como es el restablecer la democracia en Venezuela. Colombianos y venezolanos somos los que pagamos el precio más alto por tener a un déspota, un criminal, que se robó las elecciones, que ha empobrecido a su país. Pero la democracia en Venezuela no se va a restablecer, ni con las bobadas de los conciertos de Duque en la frontera, ni con las bravuconadas unilaterales de Trump en el mar.
¿A Colombia le conviene esta alianza con Venezuela, poniéndonos como blanco de EE. UU.?
Claro que no le conviene. Las encuestas en Colombia demuestran que en un 80 % la gente rechaza a Maduro. Pero al siguiente que rechazan es a Trump. El imperialismo trasnochado no es la manera de abocar el desafío común que tenemos, ni para aprovechar las oportunidades. El camino es la cooperación multilateral, estratégica, inteligente, de largo plazo. El Gobierno de los Estados Unidos y su sociedad pueden contar conmigo como presidenta para sacar adelante ese tipo de cooperación.
El presidente Petro insultó al órgano multilateral por excelencia, la ONU…
Esa grandilocuencia es de Petro, quien será expresidente en menos de un año. Esa no es la posición de los colombianos, que tenemos gratitud con el sistema de Naciones Unidas. Pero también es una realidad que la cooperación directa entre los países directamente involucrados en los desafíos es la que de verdad nos va a sacar adelante.
¿La veremos a usted en las toldas de Sergio Fajardo? Ya han sido fórmula…
No, María Isabel, esa es una historia del pasado. Respeto la decisión de Sergio de que no quiere hacer una alianza con nadie y que va hasta el final. Me habría parecido bueno hacer una unión de esfuerzos entre los que genuinamente queremos que Colombia no quede atrapada ni con Petro ni con Uribe. Pero yo seré candidata hasta el final, voy a ser la primera presidenta de Colombia.
¿Está pensando en participar en alguna consulta?
Lo que terminó pasando, con toda franqueza, es que yo hablé con todos mis colegas supuestamente de centro, incluyendo a Sergio Fajardo. Me respondieron que podía ser, que mirarían, pero en la medida en que el uribismo volvió un poco a salir a flote por los acontecimientos recientes, la mayoría de esos hombres que se decían de centro, en realidad eran unos enclosetados de derecha.


