Convergencia y productividad
He recorrido Colombia de punta a punta, desde el Urabá hasta la Amazonía, y lo que he encontrado en nuestro campo es una mezcla de berraquera inagotable y un abandono estatal profundo. Es doloroso ver que en los territorios donde se produce la comida de todos, el 34.2% de la población rural dispersa sufre de inseguridad alimentaria. Tenemos héroes y heroínas campesinas en el Urabá o en Arauca que producen plátano o cacao de clase mundial, pero carecen de lo básico: una carretera para sacar su producto o un precio justo garantizado.
Mi visión para el campo es clara: necesitamos una Estrategia Integral de Desarrollo Rural que logre la convergencia real entre el campo y la ciudad. No se trata solo de agricultura; se trata de que vivir en el campo no signifique estar condenado a tener menos salud, menos educación y menos oportunidades.
Aquí les presento mi hoja de ruta para transformar la ruralidad colombiana:
1. El «modelo cafetero» para todos los productos
El café nos enseñó hace 100 años el secreto del desarrollo agropecuario exitoso: asistencia técnica, infraestructura, precio garantizado de compra, y provisión de bienes públicos y de interés común en las regiones cafeteras, mediante los recursos del Fondo Nacional del Café.
- Tres pilares del éxito: vamos a garantizar a los cacaoteros, arroceros y paperos lo que hoy solo tienen los cafeteros: asistencia técnica para mejorar la productividad, crédito barato y precios garantizados mediante contratos entre agricultores, comercializadores e industriales, apoyados con incentivos fiscales.
- Bienes públicos sobre subsidios: reorientaremos el gasto público. Menos subsidios a insumos que distorsionan el mercado y más inversión en lo que de verdad rinde: distritos de riego, investigación, sanidad agropecuaria y vías terciarias.
2. Enfoque territorial: lo rural es más que lo agrícola
Vamos a romper el enfoque sectorial para gobernar en los territorios de forma integral.
- Territorios funcionales: aprovecharemos los vínculos entre las ciudades intermedias y sus zonas rurales para crear cadenas de valor integradas. El desarrollo rural debe incluir el turismo, la energía y la conservación ambiental, no solo la actividad agropecuaria.
- Vías para la productividad: implementaremos paquetes de vías secundarias y terciarias atadas a las grandes concesiones nacionales para asegurar que el mantenimiento llegue hasta la última vereda.
- Servicios públicos y sociales: para lograr una vida digna rural, con agua potable, salud, educación de calidad y conectividad en el campo. Sin servicios básicos no hay productividad ni futuro para los jóvenes rurales.
3. Tierra para producir con seguridad jurídica
La discusión sobre la tierra ha estado estancada en la distribución, pero el verdadero reto es el acceso efectivo al uso y la formalización.
- Catastro multipropósito: esta es la herramienta clave para revelar el valor real del suelo y penalizar la concentración improductiva. Con un catastro actualizado, daremos seguridad jurídica a los dueños de la tierra y facilitaremos su acceso al crédito.
- Asociatividad campesino-empresarial: para competir en el mundo, necesitamos unir la fuerza de las organizaciones campesinas con la capacidad de inversión de los empresarios.
4. Reforma institucional: un Estado que habilite, no que estorbe
El aparato estatal actual está centralizado en Bogotá y es ineficiente.
- Finagro como banco de desarrollo rural: fortaleceremos a Finagro y la banca de desarrollo para estructurar y financiar proyectos productivos rurales con enfoque territorial.
- Política rural: reorientaremos la política rural y la coordinación institucional para que el Estado se concentre en habilitar infraestructura, crédito y asistencia técnica en el territorio.
Vamos a demostrar que el campo colombiano es nuestra mayor ventaja competitiva. Gobernaremos desde las subregiones, escuchando a los líderes locales, para que el progreso no sea un milagro excepcional sino la regla en cada vereda de Colombia.








