Colombia es un país con una riqueza energética inigualable que debería ser el motor de nuestra economía. Tenemos el privilegio de contar con vastos recursos de petróleo, gas y carbón, además de un potencial de sol y viento que otros países quisieran. Sin embargo, la realidad que encontré recorriendo el país es dolorosa: mientras vivimos sobre estas reservas, nuestras familias y empresarios pagan las tarifas de energía más caras de la historia y sufren apagones constantes que funden sus electrodomésticos y frenan su productividad. No hay derecho a que la ineficiencia, el centralismo y la corrupción nos impidan tener energía barata y confiable.
Mi visión para el sector se basa en tres pilares fundamentales para que la vida nos alcance y nuestras regiones prosperen:
1. Integración energética: el fin de la falsa dicotomía
La transición energética en Colombia se ha manejado de forma sectaria y desordenada. Mi propuesta no es elegir entre una fuente o la otra, sino lograr una integración total de todo lo que la naturaleza nos dio: petróleo, gas, viento, sol, agua y carbón.
- No a decisiones improvisadas que encarezcan el gas y la energía: es un error garrafal haber parado la exploración de gas y petróleo para terminar importando gas desde afuera tres veces más caro. Ese gas importado genera la misma huella climática, pero empobrece el bolsillo de los colombianos.
- Las térmicas como respaldo: vamos a sacar a subasta proyectos eólicos y solares que usen las térmicas de carbón o gas como su «pila» de respaldo. Así aseguramos que el sistema sea confiable y que nunca más nos amenace el fantasma de un apagón.
2. Hidrocarburos con ciencia y realismo
Debemos entender que Colombia solo emite el 0,25% de los gases de efecto invernadero del mundo; nuestro verdadero reto ambiental es frenar la deforestación. Por ello, mi política será pragmática:
- Reactivar la exploración: retomaremos la búsqueda de hidrocarburos, especialmente gas costa afuera, para asegurar precios bajos y evitar el desabastecimiento en los hogares.
- Fracking con evidencia: impulsaremos pilotos de fracking bajo estricta evidencia científica y riguroso licenciamiento ambiental, garantizando que no se comprometa el agua ni los derechos de las comunidades.
- Industrializar el carbón: dejaremos de vender solo materias primas. Mi meta es que el carbón metalúrgico se transforme en coque y acero dentro de Colombia para generar empleo formal y fortalecer nuestra propia industria de la construcción.
3. El Caribe como epicentro del cambio
El Caribe será nuestra prioridad absoluta, pues es la región que más sufre con el modelo actual.
- Regalías para bajar tarifas: propongo que los alcaldes y gobernadores inviertan las regalías directamente en la reposición de infraestructura eléctrica obsoleta (postes, transformadores y cables). Hoy, esos costos de mantenimiento se trasladan al usuario; si los pagamos con regalías, la tarifa del recibo bajará inmediatamente.
- Clúster de transición: atraeremos empresas ancla globales para fabricar paneles solares y turbinas eólicas en la región, aprovechando nuestra ubicación estratégica frente al Canal de Panamá y la red de puertos.
4. Comunidades como socias, no como inquilinos
El modelo de regalías mediado por políticos fracasó porque el dinero no llega a los territorios.
- Participación en utilidades: en mi gobierno, las comunidades serán socias de los proyectos energéticos y recibirán una parte de las utilidades directamente, que se ejecutarán por el esquema de obras por utilidades u obras por impuestos en los proyectos que priorice la comunidad en los presupuestos participativos.
- Obras por impuestos y regalías: fortaleceremos este mecanismo para que los empresarios inviertan directamente sus impuestos en las vías, acueductos y obras de infraestructura que sus comunidades necesitan, eliminando la intermediación política corrupta.
Vamos a gobernar con carácter y transparencia para que la riqueza de nuestro subsuelo se traduzca, por fin, en bienestar para la gente.




