Colombia lleva medio siglo atrapada entre una paz que no termina de llegar y una guerra que se transforma constantemente. Recorriendo el país, desde el Catatumbo hasta el Pacífico, vimos y sentimos el dolor de las madres que ven a sus hijos reclutados nuevamente y el desespero de los comerciantes asfixiados por la extorsión. La realidad es cruda: la inseguridad se desbordó porque venimos de dos fracasos; uno que no supo hacer la guerra y otro que no ha sabido hacer la paz. Hoy, los grupos criminales no solo enfrentan al Estado, sino que lo reemplazan en el territorio.
Nuestra visión es clara: sin seguridad no hay ejercicio de derechos, ni vida digna, ni democracia posible. No se trata de volver al pasado ni de improvisar con «pases mágicos», sino de ejercer una autoridad legítima con método, tecnología y carácter para que el miedo cambie de bando y pase de las familias a los delincuentes.
Aquí les presento la estrategia para recuperar la tranquilidad de todos los colombianos:
1. Una justicia de «tres tiempos»: no más impunidad
El sistema judicial actual es ineficiente porque trata igual al narcotraficante que al delincuente común. Reorganizaremos la justicia en tres niveles distintos:
- Justicia Antimafia: crearemos la Fiscalía Antimafia para someter a las grandes estructuras de corrupción y narcotráfico. En este nivel habrá mínimas garantías y máximos controles; no permitiremos que los mafiosos utilicen las herramientas del Estado de derecho para burlar la ley.
- Justicia Ordinaria: fortaleceremos la respuesta contra la delincuencia común —el hurto, el atraco y la extorsión— para que la denuncia sirva y el castigo llegue rápido.
- Justicia Restaurativa: coordinaremos con las alcaldías la resolución de conflictos menores y faltas de convivencia, evitando que escalen a violencia.
2. Instituciones fuertes: menos burocracia, más efectividad
Para tener más seguridad, necesitamos invertir donde realmente importa.
- Transformar la Procuraduría: destinar sus funcionarios y recursos a fortalecer la Fiscalía Antimafia, la Fiscalía General en los territorios y el Sistema Nacional de Defensoría Pública.
- Recuperar la fuerza pública: Colombia tiene hoy 75.000 soldados menos que hace 15 años mientras el crimen organizado solo crece. Vamos a ampliar el pie de fuerza y a dotar a nuestros hombres y mujeres con la tecnología (drones, inteligencia artificial) y el bienestar que necesitan para enfrentar amenazas modernas.
- Cárceles seguras: retomaremos el control total de los centros penitenciarios para que dejen de ser las «oficinas» desde donde se coordina la extorsión. Distinguiremos regímenes especiales de máxima seguridad para las mafias, aislándolas efectivamente de la sociedad.
- Inversión en tecnología: modernizar la inteligencia operativa y la capacidad aérea, permitiendo que el Estado llegue a los rincones donde hoy impera el abandono.
3. Soberanía y liderazgo internacional
La seguridad de Colombia no termina en nuestras fronteras; se defiende con una política exterior firme.
- Reforma global de drogas: lideraremos a nivel internacional la desclasificación del cannabis y la hoja de coca, enfocando los esfuerzos policiales y militares exclusivamente en destruir la infraestructura industrial del narcotráfico, el tráfico de cocaína y las finanzas criminales.
- Fronteras con desarrollo: la mejor defensa de nuestras fronteras es convertirlas en polos de desarrollo institucional y económico, eliminando el vacío que hoy aprovechan grupos como el ELN o las disidencias.
Vamos a construir un Estado soberano, capaz y decente. Porque la paz estable solo se logra cuando la justicia funciona y la seguridad deja de ser un privilegio de pocos para ser un derecho de todos.




